Hola de nuevo. Si en mi artículo anterior hablamos de cómo el dióxido de carbono (CO2) nos afecta desde la atmósfera, hoy quiero llevarlos bajo la superficie, a un lugar donde el exceso de este mismo gas está creando un problema silencioso, pero devastador: la acidificación del océano.
Miren, es fácil pensar en el mar como un ente inmenso, capaz de absorberlo todo sin inmutarse. Y en cierto modo, es verdad. Nuestro océano ha sido nuestro mayor aliado en la lucha contra el calentamiento global. Desde el inicio de la era industrial, ha absorbido aproximadamente entre el 25% y el 30% del CO2 que emitimos. Es una esponja gigantesca que nos ha salvado de un calentamiento aún más rápido.
Pero, como toda esponja, tiene un límite, y absorber tanto CO2 tiene un costo.
Cuando el CO2 se disuelve en el agua de mar, provoca una reacción química que reduce el pH del agua, es decir, la hace más ácida. No se trata de que el océano se convierta en ácido de batería de la noche a la mañana, sino de un sutil, pero constante, cambio en su química fundamental. Piensen en esto: el pH es una escala logarítmica, por lo que una pequeña disminución representa un gran cambio en la acidez.
El Impacto Silencioso en la Vida Marina
¿Y esto por qué debería importarnos? La respuesta está en la base de la cadena alimentaria marina.
Este cambio químico hace que sea mucho más difícil para ciertos organismos, como los corales, las ostras, los mejillones y los plancton calcáreos, construir y mantener sus conchas y esqueletos. Es como si la química del agua estuviera disolviendo, muy lentamente, sus hogares.
Imagina a una ostra o a un pequeño caracol marino esforzándose por construir su concha, solo para encontrar que los componentes que necesita (como el carbonato de calcio) son cada vez más escasos o difíciles de obtener del agua. Sin estas conchas, estos organismos quedan vulnerables.
Si los corales no pueden construir arrecifes, perdemos los "apartamentos" donde vive un cuarto de toda la vida marina. Si el plancton calcáreo, que está en la base de la red trófica, desaparece, el impacto se sentirá en los peces pequeños, luego en los grandes, y finalmente, en nosotros, que dependemos del océano para nuestra alimentación y sustento.
La acidificación del océano es, sin duda, el otro problema del CO2. Es una crisis química que exige la misma atención que la crisis climática, porque ambas están íntimamente ligadas a nuestras emisiones. Es hora de mirar al mar y reconocer el precio que está pagando por absorber nuestra contaminación.


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